El exilio forzado no es simplemente un traslado geográfico; es una amputación del alma que comienza con el desgarro de dejar la tierra propia y se transforma en un duelo crónico que no conoce fronteras. Para las centroamericanas, este viaje hacia lo desconocido es una experiencia marcada por el desamor de una patria que las expulsa y la frialdad de una acogida que a menudo las invisibiliza.

Esta investigación de Agenda Propia Nicaragua busca rescatar esos fragmentos de vida para que el clamor de justicia viaje más allá de la distancia, asegurando que la resistencia cívica, hoy pagada con la persecución bajo la máscara del lawfare, no caiga en el olvido. Navegamos por un territorio emocional donde el destierro no es solo la pérdida de una vida, sino el enfrentamiento a una doble o triple discriminación.

La maquinaria del Estado como arma: El caso guatemalteco

Navegamos hoy por el territorio emocional de quienes se han negado a callar. El uso de lo legal para perseguir es un patrón que comparten miles de personas exiliadas centroamericanas. Carmen Rosa de León-Escribano, defensora de derechos humanos, guatemalteca, conoce bien el peso de esta maquinaria. Su voz, serena pero firme, relata cómo el sistema que debería proteger la justicia fue utilizado para su aniquilación civil.

Sentir que no tienes posibilidad de defenderte, que tu nombre está en boca de las noticias, es una sensación terrible”, confiesa. El motivo real de su persecución fue su labor para impedir que el gobierno anterior de Guatemala tomara el control de una banca nacional. La represalia fue una orden de aprehensión emitida mientras ella presentaba su tesis doctoral en España.

Para Carmen Rosa, el golpe más duro no fue la distancia, sino la destrucción de su legado: “Lo más duro fue ver mi nombre manchado. Después de tantos años dedicada a las luchas civiles y al trabajo contra la corrupción, de repente ves tu nombre manejado sin ninguna prueba y con un afán de destrucción. La gente que supuestamente debería defender la ley te amenaza y te acusa públicamente de corrupción sin fundamento”.

La persecución no terminó en la frontera. Carmen Rosa describe la «muerte social» que produce la duda: “Viene la angustia de sentir que la gente lo creyó, o que tiene la duda de si lo que dicen es cierto. De repente, algunas organizaciones me apoyaron, pero otras cancelaron mi participación en foros, diciendo que no se iba a tocar el tema de Guatemala”.

Nicaragua: El terror que cruza el océano

Mientras el lawfare golpea las instituciones en Guatemala, en Nicaragua el terrorismo de Estado golpea directamente el corazón de las familias.

A cientos de kilómetros, Tania Irías activista lesbiana feminista nicaragüense, confiesa la verdad cruda de una madre que huye del terrorismo de Estado. «Cuando me exilié no estaba clara qué significaba exiliarse ni cómo se sentía. Me exilié porque me sentí obligada y tenía mucho miedo de seguir estando en Nicaragua frente a toda la ola de represión y violencia que ejerce la dictadura», relata en su testimonio titulado «La patria arrebatada».

Para ella, el exilio fue la única salida ante una amenaza que ya no solo la acechaba a ella, sino a su descendencia: «Sentí mi vida en peligro y la de mis hijos… mi hijo que tenía 10 años recibió amenaza… le decían que a mí me iban a echar presa por terrorista». Su llegada a España, sin embargo, no fue el final de la lucha, sino el inicio de una nueva forma de resistencia frente a la precariedad y el racismo estructural. «Las únicas oportunidades laborales que parecen haber para las migrantes… es el tema de los cuidados, la limpieza… siempre se está pensando que en realidad no sabés hacer más que limpiar», denuncia con amargura. Como lesbiana y negra, su identidad ha sido objeto de una nueva violencia: «Aquí soy la negra que nunca fui en mi país».

Ella describe un exilio enfrentando el rechazo en el transporte público o las tiendas, sintiendo que su cuerpo profesional y político ha sido borrado para ser “reemplazado” por un uniforme de servicio doméstico.

Radiografía del destierro: Datos 2024-2025

Esta realidad individual se inserta en un contexto nacional alarmante. A inicios de 2025, la Oficina de Asilo y Refugio (OAR) del Ministerio del Interior reportó que en 2024 se resolvieron 96,251 expedientes de protección internacional, un aumento del 4.2% respecto al año anterior. Las mujeres centroamericanas representan un porcentaje creciente de este flujo, huyendo de la violencia de género, las maras y la anulación de la nacionalidad, particularmente en el caso de las nicaragüenses.

La Comunidad de Madrid se posiciona como el principal receptor de este éxodo, concentrando a más de 120,000 mujeres centroamericanas. Con la tasa de actividad de población extranjera más alta de España (76.5%), Madrid alberga a unas 629,500 mujeres extranjeras al cierre de 2024. Aquí, las mujeres de Honduras, Nicaragua y El Salvador forman el núcleo del sector de servicios y cuidados, mientras esperan la resolución de sus solicitudes de asilo, que en la capital superan las 47,000 anuales.

En la región de Extremadura, donde vive una de nuestras testimoniantes, si bien el volumen es menor, el impacto social es profundo. Con aproximadamente 27,800 mujeres extranjeras residiendo a inicios de 2025, Extremadura se ha convertido en un refugio para quienes buscan zonas menos saturadas. Organizaciones como el Movimiento de Mujeres Migrantes de Extremadura atiende a un promedio de 500 mujeres aproximadamente, de las cuales en su mayoría se ha insertado en la economía de cuidados, muchas con perfiles profesionales que España aún no logra homologar.

La violencia que no cesa: El control transnacional

Esta investigación no estaría completa sin mencionar la «mochila invisible» y la violencia transnacional que persigue a estas mujeres. Según informes de 2025 de la Red Internacional de Mujeres contra la Impunidad y el CEAR, el 40% de las exiliadas en España reportan seguir recibiendo amenazas desde sus países de origen, utilizando a sus familiares como rehenes, por eso muchas deciden autocensurarse. Para las activistas nicaragüenses y salvadoreñas, el 60% denuncia vigilancia digital y acoso por redes de informantes que operan en las comunidades migrantes en Madrid.

El impacto en la salud mental es devastador: 8 de cada 10 mujeres en esta situación sufren de estrés postraumático persistente, ya que el «espacio seguro» se ve vulnerado por el contacto constante de sus agresores. Muchas de ellas, como señalan los informes de ACNUR de noviembre de 2025, envían hasta el 20% de su salario no solo como remesa, sino como un «pago de seguridad» para garantizar que sus hijos y padres no sufran represalias en Centroamérica.

Fuentes de esperanza y resistencia

Este análisis se fundamenta en una red de fuentes rigurosas que incluyen al INE, el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, y reportes especializados de Zehar Errefuxiatuekin y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). La investigación sobre la «mochila invisible» de las periodistas centroamericanas, publicada por Casa Centroamérica en noviembre 2025, confirma que la criminalización de la labor informativa es uno de los motores principales del exilio actual.

Un horizonte de esperanza: La red que sana

A pesar del dolor acumulado y la hostilidad del entorno, el exilio también ha germinado espacios de sanación colectiva. Para estas mujeres, la palabra es el primer paso para recuperar el territorio robado. Acá se hace realidad parte de la propuesta de Carmen Rosa de León-Escribano quien sugiere una salida política basada en la unión: la creación de redes de apoyo que permitan transformar el dolor del exilio en una fuerza colectiva», que permita no solo la autodefensa ante el lawfare, sino la reconstrucción de la identidad profesional y personal de quienes han sido injustamente manchadas.

Por su parte, Tania ha encontrado a través de su trabajo en una organización de mujeres migrantes, la razón para transformar su propia herida. A pesar de los ataques a su identidad y su color de piel, sus palabras finales destilan una fuerza inquebrantable: «Acompañar a otras mujeres migrantes, creo que es un privilegio del que me siento muy orgullosa… El exilio sigue doliendo, pero se va transformando».

Es en ese acompañamiento donde el desamor a la patria se transmuta en amor por la comunidad. Ambas defensoras coinciden en que, aunque el Estado intente imponerles el silencio o un rol servil, su voz sigue siendo su propiedad más preciada. Como concluye Tania, el acto de resistencia más grande es no dejarse vencer por la soledad: «Poder acompañar a otras mujeres… es lo que nos permite reconstruir comunidad y recuperar el poder de nuestros futuros». El exilio podrá haberles quitado la tierra, pero no ha podido arrebatarles la capacidad de soñar y construir juntas una nueva forma de libertad.

Aquí podes escuchar el podcast:

Fuentes consultadas: INE (Padrón 2025), Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Informe Especial de Género CEAR 2025, ACNUR (2025), Informe «La mochila invisible» de Casa Centroamérica (2025) y Red Internacional de Mujeres contra la Impunidad.