La reciente excarcelación de más de 20 personas en Nicaragua —entre ellas trabajadores de la diócesis de Matagalpa y exfuncionarios públicos— no debe interpretarse como un gesto de apertura, sino como una estrategia de supervivencia geopolítica. Según el análisis del abogado Juan Diego Barberena, este movimiento responde directamente al impacto de la caída de Nicolás Maduro en Venezuela y al temor que genera la nueva administración de Donald Trump en Estados Unidos. Un evento que funciona como un “espejo ejemplarizante” para Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Ante el temor de enfrentar una operación similar por parte de la administración de Donald Trump, el régimen ha optado por enviar un mensaje de “disponibilidad para dialogar” y buscar un entendimiento que asegure su supervivencia.
Esta estrategia se manifiesta también en un cambio drástico en la retórica oficial. Rosario Murillo ha mostrado una “prudencia absoluta”, omitiendo en sus alocuciones habituales cualquier ataque al “imperialismo” o menciones directas a Trump. Esta cautela, sumada a la cancelación de eventos masivos del Frente Sandinista, evidencia que la dictadura se encuentra en su momento de “mayor vulnerabilidad política”, atrapada entre la presión externa y una crisis de sucesión interna que Murillo no ha logrado consolidar.
Los Ortega-Murillo están en manos de Donald Trump… ellos van a tener que decidir si abrir un canal de negociación para encontrarle una solución a la crisis política o quedar únicamente en las manos de la administración Trump», afirma el entrevistado.
Sin embargo, la liberación parcial es vista por Barberena como un “amago o tanteo”, ya que el régimen se niega a entregar “la valija completa”. Al mantener bajo arresto a figuras de peso como el Coronel en retiro Carlos Brenes y la líder misquita Nancy Enríquez, la dictadura sigue la lógica de una organización que “negocia con presos y rehenes” para conservar cartas de intercambio en futuras mesas de negociación. Para el analista, este comportamiento es propio de un nuevo paradigma global donde el derecho internacional ha perdido vigencia y prevalece la “ley del más fuerte”.
El panorama para los Ortega-Murillo se complica aún más por factores económicos y judiciales. El posible estancamiento de préstamos chinos y la entrada en vigencia de sanciones comerciales bajo la Ley de Comercio Exterior de EE. UU. ejercen una presión financiera que la dictadura no puede ignorar. Además, temas críticos como el narcotráfico y la gestión de la migración irregular han pasado de ser señalamientos periodísticos a convertirse en “certezas judiciales” dentro del sistema estadounidense, lo que coloca a la cúpula nicaragüense en una posición de altísimo riesgo legal.
Para Barberena, el primer trimestre de este año será determinante para definir si el régimen logra abrir un canal de comunicación efectivo con Washington o si se encamina hacia una salida abrupta. Como señala Juan Diego, los Ortega-Murillo están ahora “en manos de Donald Trump”, y el tiempo para decidir entre una transición ordenada o el colapso total parece haberse agotado.

