Aún no llueve, y el ganado se está muriendo de hambre y de sed. Los cultivos de la cosecha de primera en Nicaragua no se produjeron y otros se secaron. Es una plena sequía la que está afectando el centro, norte y occidente de Nicaragua. Organizaciones ambientalistas y meteorológicas advierten de sus efectos y consecuencias a nivel mundial.
Lester Gómez habita en la zona central de Nicaragua y dice que la situación es crítica: “La gente que tiene ganado en Boaco, San Lorenzo, El Chagüite, Las Lajas, La Uva y otras comunidades los está vendiendo. Falta la comida, está cara o escasa. Otras veces tenemos que andar alquilando, pero también se ha escaseado. En el campo nos ayudamos con la venta de leche, cuajada, crema y queso; es una ayuda para la economía del hogar. Si no llueve en septiembre como debe ser, perderemos todo. Pero tenemos fe de que llueva”, resiente Gómez, mostrando un lote de terneros y vacas que se dispone a vender.
En el occidente del país, los efectos son visibles. Así lo señala Garmendia, un joven sacueño que ha registrado con su cámara las afectaciones de la sequía. En su viaje de León hacia su hogar en El Sauce, se detuvo para ver el cauce del río Sinecapa, en el municipio El Jicaral, encontrando solamente piedras y árboles secos. “Según los lugareños, para esta época esas cuencas estaban llenas; hace un año había agua. Ahora, solamente piedras. En El Sauce se secó la milpa, no hay maíz”, dice Garmendia. El mismo relato aplica para las cuencas de los ríos Santa Rita, Hato Viejo, Tecomapa, San José y Nacascolo: “todos están completamente secos”.
“Ya los ríos no tienen vertientes de donde se pueda agarrar agua para tomar. Si se llenan, es por todas las corrientes de agua que bajan de las montañas y que son de lluvias, pero vertientes tampoco hay allá. Además, arrastran piedras y palos que han tapado la salida del agua de algunas vertientes”, dice Jorge Silva, quien recomienda sacar las piedras con tractores y profundizar las pozas en los ríos para que, cuando llueva, el agua se quede y se introduzca en el subsuelo.
Para Javier, habitante del sector de Chacraseca en León, la sequía afecta la economía del hogar: “No hay frijoles ni maíz; muy seguro van a subir de precio. No ha llovido nada. De pronto se vienen unas nubes cargadas de agua, pero se las lleva el viento; lo que más bien hay es mucho polvo. Los que tenemos ganado estamos muy mal porque no hay pasto, está muy caro o buscamos rastrojos de yuca y caña para entretenerlos por el momento. Sembramos 5 manzanas de yuca, pero se secaron”, comenta.
Para el régimen Ortega-Murillo, el fenómeno El Niño es normal
Marcio Baca, director del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (INETER), dijo modestamente que los episodios intensos de El Niño, según registros históricos, son de menor afectación en el territorio nacional. Sin embargo, el funcionario sandinista reconoce la evidente falta de lluvia en Occidente y el Centro-Norte. Señala que la ausencia de lluvia no es severa, mientras que, con palabras forzadas, Baca dijo que hay lluvias desiguales en algunos municipios de Matagalpa, Jinotega y Río San Juan.
Nicaragua tiene una geografía “que nos ha permitido que en la región del Caribe Norte, Caribe Sur y todas las regiones haya déficit de lluvia, pero el impacto no ha sido severo”, indicó. Baca y otros funcionarios gubernamentales han ignorado la sequía, la posible escasez y las alzas de los precios de los alimentos. No hay un plan de contingencia ni de mitigación para contrarrestar los padecimientos, principalmente en las zonas rurales. La misma actitud asumen las 153 alcaldías de Nicaragua, las cuales cuentan con el mismo discurso oficial de una Nicaragua normal.
Solamente queda el mensaje del funcionario sandinista que asume la esperanza de que durante septiembre y octubre habrá lluvias —una oportunidad para sembrar “usando semillas de crecimiento rápido o resistentes a déficits de lluvia”—, a sabiendas de que en Nicaragua hay dos momentos para la producción de granos básicos.
Para Amaru Ruiz, de la Fundación del Río, el régimen Ortega-Murillo debe asumir una responsabilidad ambiental para asistir a las comunidades afectadas: “La declaración de emergencia sirve para que se le proporcionen recursos financieros al Sistema Nacional de Emergencias para la atención de una contingencia de esa naturaleza. Es un llamado humanitario para que organismos internacionales destinen un presupuesto, al igual que el Estado, y sea la institución que sabe del problema la que lo use”, en este caso, para mitigar los efectos de la sequía.
Si el Estado no declara la emergencia, relata Ruiz, entonces “no hay fondos para enfrentar ese fenómeno. No hay desembolsos para entregarles nuevamente semillas para sembrar, para la instalación de sistemas de riego o para la compra de algunos productos básicos que se van a escasear, a fin de abastecer el mercado nacional y combatir la alteración de los precios”, advierte el ambientalista.
Añade que las alcaldías están al margen de la producción, siendo esta una responsabilidad de las delegaciones departamentales. Sin embargo, “puede que haya algunas iniciativas de preocupación, pero disminuye su activismo sin la autonomía municipal. La descentralización municipal para la atención de emergencias es nula. No hay esperanza de que alguna alcaldía asuma las necesidades o enfrente esta situación. No lo van a hacer, no es su prioridad. Todo está controlado a nivel central. Eso va a causar consecuencias cuando ya esté la cosecha, porque van a aumentar los precios de los alimentos. Por ello, deben tener claro cuáles productos van a importar para poder suplir el mercado nacional”, detalla.

Pero, ¿qué es el fenómeno El Niño?
El fenómeno de El Niño es el desarrollo de un calentamiento anómalo en el océano Pacífico ecuatorial que se proyecta como un episodio de intensidad muy fuerte o Súper Niño para finales del año 2026 y los primeros meses del 2027, según reportes de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). Esta instancia ha aumentado en un 14% la probabilidad de que se produzca en un 95% el fenómeno como muy fuerte, disminuyendo drásticamente la posibilidad de que sea un fenómeno moderado o fuerte.
El Niño 2026 trae sequías extremas cuando ocurre “el calentamiento de las aguas del océano Pacífico y se alteran los vientos, por lo que es notoria la ausencia de lluvias. La falta de agua daña los cultivos, reduce la producción de energía y aumenta el riesgo de incendios forestales”. También incurre en inundaciones severas: el fenómeno provoca lluvias intensas y tormentas fuera de lo normal que desbordan ríos, causan deslaves y destruyen caminos y carreteras. En el sector costero, traería un impacto en la pesca, ya que el cambio en la temperatura aleja a los peces; por lo tanto, su precio aumentaría al subir los costos de producción.
Centroamérica en emergencia climática
Mientras en Nicaragua los medios de comunicación oficialistas promocionan los 11 días de feriados en septiembre “regalados” por el régimen e ignoran el debate público de expertos, en Centroamérica los efectos del fenómeno El Niño son muy debatidos y conocidos por la población afectada.
Amaru Ruiz señala que el régimen Ortega-Murillo valora la sequía como normal: “El régimen ha minimizado el fenómeno y no ha decretado niveles de emergencia según el sistema de riesgo del país, mientras sostiene que las afectaciones van a ser moderadas”.
Costa Rica está atenta al fenómeno y reconoce la disminución en un 40% de las lluvias en algunas zonas. El sector energético renovable se ve amenazado. El 25 de agosto, Panamá y El Salvador declararon la emergencia ambiental y han puesto en marcha planes de contingencia para mitigar los daños, principalmente en el sector rural. Panamá limitó el cruce de buques por el canal, mientras que en El Salvador la instancia de Protección Civil, bajo el decreto de Alerta Roja, convoca para la asistencia de las zonas afectadas.
Guatemala registra una reducción del 33% en las lluvias de la primera época, mientras el fenómeno podría convertirse en el más fuerte en 76 años, según autoridades meteorológicas ante el Parlamento. En total, 166 414 familias están afectadas. El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología informa que “continuará monitoreando las condiciones océano-atmosféricas y actualizando la información conforme evolucione este fenómeno”.
Honduras destinó un presupuesto para los sectores más afectados durante los próximos tres años. La Alerta Roja se extendió a 103 municipios. El Distrito Central reporta un 75% menos de lluvia en agosto de 2026. Debido a la escasez de agua, los habitantes de Tegucigalpa reciben agua tres veces al mes. En una reciente visita de las autoridades a la zona sur, conocieron que más de 200 vacas habían muerto de hambre y de sed.
La inacción del régimen Ortega-Murillo y su empeño en dibujar una «Nicaragua normal» dejan desamparadas a miles de familias campesinas frente a uno de los fenómenos climáticos con consecuencias terribles para sus vidas. Mientras los países vecinos movilizan recursos de emergencia y activan redes de ayuda humanitaria para salvar cosechas y garantizar la soberanía alimentaria, en Nicaragua el abandono estatal condena al sector agropecuario a la especulación de precios, la escasez de granos básicos y una inminente crisis económica. De no haber una rectificación inmediata y un plan de mitigación real, el costo de este silencio de la dictadura se medirá en hectáreas perdidas, ganado muerto, en más hambre y más precariedad para la población nicaragüense.
Foto de portada: AP Photo / Edmar Barros

