Foto: Tomada del Facebook del Museo de la Memoria

La exposición fotográfica del Museo de la Memoria contra la impunidad «AMA y No Olvida» de Nicaragua, ha cruzado las fronteras centroamericanas para asentarse en el corazón de Europa. El museo, impulsado por la Asociación Madres de Abril (AMA), presentó su exposición en la 12 edición del BredaPhoto Festival, en Países Bajos. Bajo la premisa «Nuestras canciones se abrieron paso». La iniciativa transmedia y de la diáspora codirigida por Emilia Yang, en compañía de las integrantes de AMA Josefa Meza y Graciela Martínez, colocó la demanda de justicia de las víctimas de la represión de 2018 en uno de los escaparates fotográficos más influyentes del circuito internacional.

El BredaPhoto Festival reunió a más de 40 artistas internacionales bajo una narrativa enfocada en el consuelo, la resiliencia y la esperanza frente a la violencia sistemática. Para la diáspora nicaragüense —constituida por más de 600.000 personas forzadas al exilio—, la presencia de AMA representa un acto de resistencia frente al intento del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo de erradicar la verdad oficial sobre los al menos 355 asesinatos documentados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y las Naciones Unidas durante el levantamiento cívico de 2018.

El valor analítico de esta intervención artística reside en el concepto del museo transmedia e itinerante. Ante la imposibilidad física de erigir un espacio de memoria dentro del territorio costarricense o nicaragüense sin enfrentar represalias violentas por parte de fuerzas policiales o paramilitares, AMA utiliza el arte visual, las instalaciones inmersivas y el archivo digital como herramientas de preservación colectiva. El archivo deja de ser un depósito estático de luto para convertirse en un expediente vivo orientado a futuros procesos de justicia de transición.

En la muestra destaca la pieza audiovisual Denuncia No. 204, en la que Emilia Yang expone el asesinato de su tío Vicente Rapaccioli, ejecutado por fuerzas parapoliciales en 2018. De acuerdo a la información recopilada por la familia, «un vigilante del barrio residencial de Regina, vecino a Las Cuatro Esquinas, dijo haber oído cuatro disparos la noche del 26 de junio en el sector donde los paramilitares habían establecido su puesto de control.

Rappaccioli recibió un disparo mortal en la cabeza que entró en la sien izquierda de adelante hacia atrás, según un forense contratado por la familia, una trayectoria coherente con una ejecución. Según funcionarios de la Oficina del Forense, cuatro hombres encapuchados abandonaron el cuerpo a las 23:30 de esa misma noche», se lee en la página web del Museo de la Memoria.

La obra analiza las huellas burocráticas, físicas y emocionales que las familias deben recorrer para certificar legalmente la existencia y la muerte de sus seres queridos dentro de un Estado insumiso a las normas del derecho internacional. Esta dimensión gráfica evidencia la violencia administrativa que acompaña al crimen político, transformando el trámite forense en un testimonio de resistencia de las familias.

La recepción del trabajo de AMA en un espacio multicultural europeo subraya cómo la creación estética funciona como un conector global de solidaridad. Mientras la narrativa oficial en Managua promueve la normalización y la amnesia obligatoria, en el Museo de la Memoria se expone la vigencia de las violaciones a los derechos humanos y la impunidad estructural que impera en el país, conectando la causa nicaragüense con otras luchas contra el autoritarismo a nivel global.

El recorrido itinerante de la exposición reafirma que el luto de las madres nicaragüenses ha dejado de ser una experiencia doméstica o confinada al dolor privado. La transformación de las evidencias de los crímenes de lesa humanidad en propuestas conceptuales y estéticas de alto impacto visual posiciona a las víctimas no solo como querellantes ante organismos internacionales, sino como agentes culturales capaces de articular respuestas artísticas frente al terrorismo de Estado.

Frente a la consolidación del régimen autoritario y el estrangulamiento de los espacios cívicos dentro de Nicaragua, iniciativas como la participación en BredaPhoto demuestran que la memoria transnacional es antídoto contra el olvido. La construcción del archivo colectivo por parte de las Madres de Abril garantiza que, aun en el exilio, la demanda de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición continúe abriéndose paso en la arena internacional.

El valor transmedia de la plataforma proporciona una reserva probatoria para futuros procesos judiciales. Los testimonios orales, registros audiovisuales y documentos digitalizados no solo cumplen una función conmemorativa, sino que pueden satisfacer los estándares procesales requeridos por organismos internacionales. Al sistematizar las pruebas de crímenes de lesa humanidad en soportes digitales e itinerantes, se neutraliza el riesgo de destrucción o alteración del patrimonio documental por parte de las autoridades agresoras.

La presencia de las Madres de Abril en BredaPhoto hace que ni la distancia ni el exilio han fracturado la lucha contra el olvido. La transformación del dolor en una propuesta estética y política rigurosa posiciona a las familias no solo como víctimas, sino como agentes culturales clave en la defensa de los derechos humanos. Una herramienta fundamental para garantizar que el reclamo de justicia, verdad y no repetición continúe abriéndose paso en el mundo.

Las personas que han ejercido como curadoras de la muestra son Ileana Selejan, Astrid Hulsnmann y Jan Shaerlackens.

Foto portada: Ron Magielse