La tecnología ya no es solo una herramienta; es un cambio de paradigma social, comparable a la Revolución Industrial, que está transformando nuestra estructura actual. En una reciente entrevista para Agenda Propia Nicaragua, el sociólogo y politólogo Juan Carlos Gutiérrez Soto analizó cómo este fenómeno impacta la vida cotidiana y las estructuras de poder, advirtiendo sobre los riesgos del control informativo y la importancia de la resistencia digital.

Hoy vivimos una mezcla extraña: estamos conectados a través de aparatos, pero cada vez más aislados. Gutiérrez llama a esto «individualización colectivizada». Ya no escuchamos la voz del otro de forma fluida; nos comunicamos por mensajes fraccionados y hemos abandonado espacios físicos comunes. «Vas a ver menos chavalos jugando en la calle; el ‘omblígate’ o el ‘pegue congelado’ ya no existen o se usan menos, y todo es el teléfono», reflexiona el experto sobre cómo los juegos tradicionales han sido desplazados por códigos digitales globales.

Más que tecnología, un tamiz de identidades

Para Gutiérrez, la cultura digital debe entenderse como un «tamiz más a las distintas identidades que enriquecen nuestras sociedades». Este proceso ha transformado la socialización: de las interacciones fluidas se ha pasado a comunicaciones fraccionadas mediante mensajes de voz y texto, donde la presencia física es reemplazada por la conexión digital.

Esta transformación también ha impactado la infancia y el espacio público. El sociólogo señala que hoy vivimos una «individualización colectivizada», donde los juegos tradicionales en las calles han sido desplazados por dispositivos móviles. «Vas a ver menos chavalos jugando en la calle; el ‘omblígate’ o el ‘pegue congelado’ ya no existen o se usan menos, y todo es el teléfono», explicó el experto.

Uno de los conceptos abordados fue el del «tecnofeudalismo». Según el sociólogo, grandes emporios controlan las nubes y redes donde las poblaciones entregan su información personal a cambio de servicios. «Estamos hablando de grandes emporios… a los cuales las poblaciones nos adherimos y les damos información… que es el bien que ellos necesitan para comerciar», sentenció Gutiérrez.

En esta estructura, nosotros somos quienes proveemos el bien más valioso: los datos. «Les damos los bienes que ellos necesitan para comerciar, que es la información, porque después nos venden cosas a partir de lo que les proveemos», advierte Gutiérrez. Estos poderes deciden qué es visible y qué es marginal; lo que no circula en sus redes, simplemente carece de sentido para la comunicación moderna

Este modelo permite que el mercado y los poderes legitimen qué temas, vestimentas o frases son importantes, dejando en la marginalidad todo aquello que no es visible digitalmente.

Nicaragua: La batalla por la narrativa y el control

En el contexto nicaragüense, la cultura digital se ha convertido en un campo de batalla simbólico. Gutiérrez describe una «mixtura» donde el régimen utiliza la represión directa sobre medios tradicionales para controlar la narrativa, mientras intenta recuperar espacios como TikTok mediante el uso de troles tras haber sentido que perdió la «batalla digital» en 2018.

El miedo es una herramienta clave en este escenario: «La persona le da miedo que le agarren un teléfono y esté viendo información que no es autorizada y es contra su narrativa», afirmó el politólogo. Ante esto, destaca la importancia de los espacios alternos que ofrecen información de calidad y resisten a la censura.

Hacia una «guerrilla de comunicación política»

El también politólogo advierte que la democracia digital es frágil, ya que los algoritmos y bots suelen ser utilizados por grupos de poder para masificar narrativas que deslegitiman los enfoques de derechos humanos. Gobiernos populistas apelan a lo emocional para imponer «verdades» que los datos refutan.

Ante este desafío, el experto propone que quienes defienden el Estado de derecho deben reconfigurar sus estrategias: «Necesitamos entrar en las lógicas de una casi como guerrilla de comunicación política con mensajes sobre dignidad y ciudadanía libre». Esto implica que la academia y los defensores de derechos dejen de hablar solo entre «conversos» y conecten con los códigos y la cotidianidad de la población.

El acceso digital como un derecho ciudadano

Finalmente, el sociólogo enfatizó que en países como Nicaragua, donde la telefonía fija era limitada, el celular con datos se ha vuelto una necesidad básica para gestionar la vida y ejercer la ciudadanía.

Es vital entender que en Nicaragua el acceso a datos ya no es un lujo, sino una necesidad básica para gestionar la vida y ejercer derechos. El Estado debería garantizar infraestructura y aranceles que democraticen este servicio, pero sobre todo, fomentar un pensamiento crítico. Lamentablemente, para el poder actual, «pensar críticamente» es una mala palabra porque se vuelve peligroso para su control.

«El teléfono ya no es un lujo, es una necesidad… el Estado debería propiciar mecanismos de acceso, infraestructura y aranceles que permitan realmente democratizar ese acceso», concluyó, lamentando que en Nicaragua el pensamiento crítico sea visto como una «mala palabra» por el régimen actual.

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Foto portada: Pixabay