En medio de un contexto de represión y crisis política, las y los jóvenes nicaragüenses han demostrado que la lucha por la educación y los derechos humanos puede ser un acto de resistencia. Este espíritu fue reconocido recientemente con el Premio de la Paz Estudiantil, otorgado a la iniciativa Puentes por los Estudiantes de Nicaragua (IPEN), un proyecto liderado por estudiantes que busca promover la paz, la democracia y los derechos humanos en Nicaragua. Este galardón no solo simboliza un reconocimiento internacional, sino también un rayo de esperanza para una juventud que sigue enfrentando enormes desafíos.

En una reciente edición de Agenda Propia Nicaragua se discutió el significado de este premio y el impacto de la iniciativa IPEN en la comunidad estudiantil. Marco Aurelio Peña, director de la organización, fue el encargado de compartir la experiencia detrás de este logro y reflexionar sobre el papel de la juventud en la construcción de un futuro más justo.

Un premio que trasciende fronteras

El Premio de la Paz Estudiantil, otorgado por organizaciones internacionales y estudiantes, reconoce los esfuerzos de aquellas personas que trabajan incansablemente por la paz y los derechos humanos. Para IPEN, este galardón es más que un reconocimiento; es un símbolo de la resiliencia de la juventud nicaragüense, que, a pesar de la represión gubernamental, continúa luchando por su derecho a la educación y por una sociedad más democrática.

Peña destacó que este premio no solo pertenece a la organización, sino a todas y todos aquellos jóvenes nicaragüenses que han resistido en un contexto marcado por la violencia y la censura. «Es un reconocimiento a nuestra lucha colectiva, a nuestra capacidad de mantenernos firmes frente a la adversidad», afirmó durante la conversación.

Educación como resistencia

La educación ha sido uno de los principales campos de batalla en Nicaragua. Desde 2018, cuando estallaron las protestas sociales contra la dictadura, miles de estudiantes han enfrentado represalias, incluyendo la expulsión de universidades, desaparición de expedientes académicos, persecución y, en algunos casos, la pérdida de vidas. En este contexto, IPEN ha trabajado para proporcionar oportunidades educativas y de liderazgo a los jóvenes, convirtiéndose en una herramienta de resistencia frente a la opresión.

Durante la entrevista, Peña explicó cómo su organización ha implementado programas que buscan superar las barreras al acceso a la educación superior, tanto dentro como fuera del país. Estas iniciativas no solo ofrecen una alternativa para los jóvenes afectados por la crisis, sino que también refuerzan la idea de que la educación es fundamental para la construcción de una sociedad democrática.

La juventud como agente de cambio

Uno de los temas centrales del debate fue el papel de la juventud en la lucha por los derechos humanos y la democracia en Nicaragua. Peña recordó los eventos de 2018, cuando miles de jóvenes salieron a las calles para exigir cambios, enfrentándose a una brutal represión. «La juventud ha sido el motor de esta lucha. Nuestra generación ha demostrado que no estamos dispuestos a aceptar la injusticia como norma», señaló.

El reconocimiento internacional que representa el Premio de la Paz Estudiantil también pone en evidencia la importancia de visibilizar el compromiso de la juventud nicaragüense. Según Peña, este tipo de galardones no solo inspiran a quienes están involucrados en la lucha, sino que también envían un mensaje de solidaridad al resto del mundo.

El costo de la represión

La conversación también abordó las duras realidades que enfrenta el estudiantado nicaragüense. El economista destacó las consecuencias de la represión gubernamental, incluyendo la migración forzada de muchos jóvenes que han tenido que abandonar el país en busca de seguridad y mejores oportunidades. En este sentido, se discutió el impacto del cierre del programa de parole humanitario, una medida que ha generado preocupación entre los nicaragüenses en el exilio.

«Es desgarrador ver cómo tantos jóvenes han tenido que dejarlo todo atrás. Pero incluso en el extranjero, siguen luchando por sus derechos y por los de quienes permanecen en Nicaragua», expresó Peña, subrayando la necesidad de políticas más compasivas hacia los migrantes.

Un puente hacia el futuro

La iniciativa Puentes por los Estudiantes de Nicaragua no solo busca proporcionar herramientas educativas, sino también construir una memoria colectiva que honre a quienes han sufrido las consecuencias de la represión. Peña enfatizó que recordar el papel de los jóvenes en la lucha por la democracia es crucial para garantizar que los sacrificios no sean en vano. «La memoria es resistencia. No podemos permitir que las injusticias sean olvidadas», afirmó.

A pesar de los desafíos, la conversación concluyó con un mensaje de esperanza. La labor de IPEN y el reconocimiento del Premio de la Paz Estudiantil son prueba de que, incluso en los momentos más oscuros, la juventud nicaragüense sigue siendo un faro de resiliencia y determinación. La lucha por la educación, la paz y la democracia continúa, y con ella, la construcción de un futuro más justo para Nicaragua.