En el silencio sepulcral que el régimen ha intentado imponer en Nicaragua, la voz de las víctimas sigue siendo el único eco que no logran apagar. Para Ariela Peralta, integrante del Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN), esa persistencia es la que mantiene viva la esperanza de una justicia que, aunque parezca lejana en este 2026, se está documentando paso a paso para que ninguna violación de derechos humanos quede en el olvido.

En una conversación cercana con Patricia Orozco, directora de Agenda Propia Nicaragua, la experta uruguaya desmenuzó la crudeza de un país que se ha quedado solo, comparando su nivel de aislamiento internacional incluso con casos extremos como el de Corea del Norte.

Peralta señala que, tras años de monitoreo, la situación de Nicaragua no ha mejorado en lo más mínimo y que, por el contrario, el país se encuentra en una etapa de cierre total del espacio cívico. Según explica la abogada, ya no se trata solo de reprimir a quienes ya no pueden salir a las calles, sino que la persecución es contra cualquiera que el régimen perciba como una amenaza por su capacidad de pensar, dialogar o autoorganizarse. Esta política del miedo ha ensanchado el perfil de las víctimas, alcanzando a religiosos, universitarios y movimientos feministas, convirtiendo a Nicaragua en un territorio donde la oposición viva ha sido forzada al exilio o al silencio absoluto tras los barrotes.

Foto: Oswaldo Rivas, Reuters

Uno de los puntos más dolorosos que resalta la experta es la metamorfosis de la represión en formas más quirúrgicas y perversas, como las desapariciones forzadas de corto plazo y la muerte civil a través de la desnacionalización. Peralta señala que han verificado la desaparición de decenas de personas y que, incluso para quienes logran salir de las celdas, la libertad es un espejismo porque el acoso y la vigilancia los persiguen hasta sus casas. Esta realidad se ensaña particularmente con las mujeres y la diversidad sexual, quienes sufren un impacto diferenciado debido a las estructuras patriarcales que el Estado utiliza para castigar su autonomía y liderazgo.

Pero la represión no es gratuita y el informe del GHREN pone el dedo en la llaga de la billetera del poder. La experta denuncia la existencia de una estructura paralela financiada con dinero que debería ir a proyectos sociales, pero que termina alimentando el aparato de vigilancia y logística represiva. Con nombres y apellidos, Peralta señala a Rosario Murillo y a Fidel Moreno como las figuras claves detrás de este desvío de fondos públicos que fluye a través de alcaldías y simulaciones contables. Es una maquinaria de corrupción que, según la integrante del Grupo de Expertos, funciona como el motor operativo de las violaciones de derechos humanos, llegando incluso a utilizar tecnología de punta para el acoso cibernético y el espionaje en el extranjero.

La sombra del régimen también cruza fronteras a través de lo que los expertos llaman represión transnacional. Peralta relata con preocupación cómo las embajadas y consulados nicaragüenses han dejado de ser oficinas diplomáticas para convertirse en puestos de inteligencia política. En estas sedes, el personal de seguridad se dedica a identificar liderazgos en la diáspora y a utilizar mecanismos internacionales como Interpol para bloquear la vida de los exiliados, denunciando falsamente pasaportes como robados para impedir que las personas puedan moverse o rehacer su vida en otros países.

A pesar de este panorama que podría parecer asfixiante, Ariela Peralta insiste en que no se puede perder el optimismo de la lucha. Una de las puertas que sigue abierta es la Corte Internacional de Justicia en La Haya. Nicaragua, que históricamente ha respetado y utilizado este foro, puede ser sentada en el banquillo por un grupo de Estados por la violación sistemática de convenciones contra la tortura y la reducción de la apatridia. Para ella, llevar el caso a este nivel es una luz en el camino para las más de 450 personas que han sido despojadas de su identidad y sus bienes por el simple hecho de amar a su país desde la disidencia.

El mensaje de la experta para las víctimas es de respeto y una invitación a no callar. Gracias a ese coraje de seguir contando lo que pasa dentro y fuera de las fronteras, el caso de Nicaragua ha subido de nivel en las Naciones Unidas.

Para Peralta, mientras haya una voz viva documentando el atropello, habrá una posibilidad de rendición de cuentas. El autoritarismo, asegura con la firmeza de quien ha visto caer otros regímenes, no puede persistir por siempre, y cada testimonio es un ladrillo en la construcción de la Nicaragua democrática que el futuro nos debe.

Mirá la entrevista completa:

Foto portada: El País / Uruguay