La realidad que enfrenta Cuba se define a través de una palabra que resuena en cada rincón de la isla: desesperanza. Según el dramaturgo y activista Yunior García Aguilera, el país ha entrado en una fase donde el estancamiento es el mayor de los temores, señalando que la población vive con la angustia de que el tiempo se agota mientras nada cambia. Para García, el sentimiento generalizado es crítico: «ojalá que lo que vaya a pasar pase rápido, porque lo peor que podría pasarnos es que no pase nada».

Esta parálisis no es solo una percepción política, sino una consecuencia directa de una crisis económica que ha tocado fondo, exacerbada por el colapso de los servicios básicos y la pérdida de los pilares que sostenían la economía del régimen.

El núcleo de la crisis actual radica en que el régimen cubano ha perdido a su principal apoyo externo. Durante años, la relación con Venezuela permitió que la isla recibiera combustible a precios ínfimos, el cual era utilizado no solo para el consumo interno sino también para la reventa en mercados internacionales. Con la desaparición de este beneficio, el país ha quedado paralizado.

Las ciudades sufren apagones que superan las 24 horas consecutivas, y el problema ha dejado de ser solo de suministro para convertirse en un fallo estructural insalvable: «aunque tengan el combustible, las termoeléctricas no funcionan… es imposible que el país, ni siquiera teniendo 18 barcos de combustible puede alumbrar a todo el país porque las termoeléctricas no aguantan». Este escenario ha sido el detonante de protestas cada vez más fuertes, como las registradas en Morón, donde el descontento ha derivado en enfrentamientos directos y asaltos a sedes oficiales.

Negociaciones en la sombra y desplazamiento del poder oficial

En el ámbito político, la presión de la administración de Donald Trump y la influencia de Marco Rubio han forzado al régimen a admitir diálogos que anteriormente negaba de forma tajante. Sin embargo, García Aguilera destaca una falta de transparencia en estos procesos. Existe la sospecha fundada de que el equipo estadounidense podría estar negociando directamente con el círculo íntimo de la familia Castro, ignorando la figura del presidente designado Miguel Díaz-Canel, «probablemente las conversaciones fueron con el Tuerto y con el Cangrejo que responden directamente a los intereses de Raúl Castro que sigue siendo el poder en Cuba».

Esta situación ha provocado una profunda frustración incluso dentro de los cuadros del Partido Comunista, quienes se sienten traicionados por una cúpula que negocia su propia supervivencia mientras exige a la población una resistencia ideológica que ellos mismos han abandonado al asegurar el futuro de sus hijos en países capitalistas.

La transformación de la protesta: del civismo al estallido por hambre

Un aspecto fundamental de la entrevista concedida a Agenda Propia Nicaragua es el análisis de cómo ha cambiado la forma en que los cubanos enfrentan al poder. Tras la represión de las marchas pacíficas de 2021, donde se intentó protestar con símbolos como una rosa blanca, la ciudadanía comprendió que el pacifismo extremo era aplastado con la misma violencia que cualquier otra disidencia. Esto ha dado paso a una resistencia mucho más agresiva impulsada por la necesidad.

García Aguilera considera que el asalto a tiendas que venden productos en divisas extranjeras es una reacción lógica ante la miseria: «es completamente natural que en medio de una protesta, en medio de un apagón, la gente asalte estas tiendas en dólares para agarrar los víveres, para poder comer». Ante esto, el régimen intenta deslegitimar las protestas alegando que son actos vandálicos realizados por personas ebrias, un discurso que, según el activista, ya no tiene ninguna credibilidad dentro de la isla.

Censura y control social

Para mantener el control en medio de este caos, el gobierno cubano recurre sistemáticamente al apagón informativo. Cada vez que surge un incidente, las medidas inmediatas son el corte del servicio de internet y el asedio a periodistas independientes como Yoani Sánchez, a quien se le impide salir de su casa y se encuentra bajo vigilancia policial sin orden judicial alguna.

La represión también se ha extendido a jóvenes creadores de contenido, como los Youtubers del canal «El Cuartico», encarcelados por documentar su realidad diaria. Esta asfixia de libertades, sumada a una gestión económica nefasta, ha erosionado el concepto de soberanía nacional entre los jóvenes, quienes ven en la emigración o incluso en el anexionismo la única vía de escape.

Para el dramaturgo el mayor desafío que enfrenta la isla es, además del cambio de régimen, la reconstrucción de una sociedad que carece de memoria democrática tras siete décadas de dictaduras consecutivas.

La meta de la oposición, por tanto, debe ser la creación de un modelo inclusivo que evite caer en nuevos extremismos y que finalmente cumpla con el ideal de una patria para todos. El activista concluye que el objetivo final debe ser «construir un país nuevo donde desaparezca cualquier tipo de discriminación hacia el otro, aunque no piense como nosotros», expresó.

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Foto portada: tomada de su Facebook