Este 7 de mayo, el colectivo de periodistas nicaragüenses Las Exiliadas, del cual periodistas de Agenda Propia Nicaragua es parte, fue galardonado con el Premio Libertad de Prensa 2026 en la XII edición de los Premios Optimistas Comprometidos, celebrada en el Museo Reina Sofía de Madrid. Este reconocimiento, otorgado por la revista Anoche tuve un sueño, destaca la «valentía, rigor profesional y firme compromiso» de este grupo de periodistas y comunicadoras nicaragüenses que, a pesar del destierro, defienden el derecho fundamental a la información. Al recibir el premio, la periodista Patricia Orozco recordó que, aunque la dictadura intente silenciarlas, «el exilio no ha apagado nuestras voces».
El Colectivo de Las Exiliadas está integrada por periodistas y comunicadoras feministas que viven en situación de exilio y apatridia en países de Europa y América debido a la represión del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. La agrupación surgió como un espacio de articulación y acompañamiento para periodistas desplazadas por la violencia estatal, compartiendo una agenda centrada en los derechos humanos y las narrativas feministas. A pesar de la dispersión geográfica, el jurado del premio subrayó que el grupo ha logrado mantener viva la esencia del periodismo libre.
Para estas profesionales, el exilio forzado ha sido la única vía para «salvar la vida y la de la familia», ya que en Nicaragua «solo quedaba la cárcel o la muerte», expuso Orozco. Actualmente, el país ocupa el puesto 172 de 180 en la clasificación mundial de libertad de prensa, consolidándose como el entorno más hostil de América Latina. En este escenario de mapa de oscuridad, el régimen busca la muerte civil de las voces críticas mediante la anulación de títulos profesionales y el congelamiento de cuentas.

La violencia que enfrentan las periodistas tiene matices de género específicos y dolorosos. Patricia Orozco denunció que las colegas nicaragüenses sufren particularmente violencia sexual y el uso de la maternidad como mecanismo de tortura psicológica. Incluso fuera de las fronteras, el asedio no cesa; las integrantes del colectivo han enfrentado una persecución digital sistemática y campañas de difamación sexualizada que buscan vulnerar su seguridad y la de sus familias en los países de acogida.
La precariedad económica es un desafío que enfrentan en el destierro. Se documenta que el 76 % de las periodistas exiliadas no logra cubrir sus gastos básicos a través del ejercicio de su profesión. Esta vulnerabilidad ha forzado a muchas a trabajar en oficios de subsistencia, como el sector de los cuidados o la venta de alimentos. Sin embargo, Maryórit Guevara, directora de La Lupa Feminista, afirma que continúan haciendo periodismo desde la «convicción profunda de que la historia merece ser contada».
A pesar de las dificultades, el colectivo mantiene una intensa labor de incidencia internacional. Han coordinado con Reporteros Sin Fronteras el informe “20 años del desmantelamiento de la libertad de prensa en Nicaragua (2006-2026)” y han impulsado la campaña Voces que cuentan para visibilizar el aporte intelectual de las periodistas. Asimismo, han exigido prueba de vida de la periodista desaparecida Fabiola Tercero, denunciando su situación en foros regionales como el FORO CAP2025, que aunque no existe certeza de su trabajo sistemático en la denuncia, el régimen mostró a Tercero en su casa y actualmente nos e tiene mayor información de ella.
La labor de Las Exiliadas se fortalece mediante alianzas estratégicas, siendo parte de las Defensoras Mesoamericanas de Derechos Humanos. Para el colectivo, informar sobre Nicaragua es similar a «empujar una enorme piedra cuesta arriba», especialmente en un país donde el 65 % del territorio es ya un desierto informativo. No obstante, insisten en que preservar el optimismo es una herramienta de supervivencia frente al terrorismo de Estado.
El mensaje final de la colectiva es una defensa inquebrantable de la labor informativa: “Sin periodismo no hay democracia”, de acuerdo a declaraciones de Orozco. «Las Exiliadas mantienen la promesa de volver a Nicaragua y seguir luchando por los derechos de las mujeres, reafirmando que su trabajo es un bastión de resistencia y defensa de la memoria». Este premio es, en última instancia, un llamado a la solidaridad internacional para garantizar la protección y sostenibilidad de quienes informan desde la precariedad extrema, dijo la periodista con larga historia en el periodismo.

