Por Sara Henríquez García

Las historias de vidas de gente de las alturas y de las llanuras, hacen la historia del país.

Hay dos que en este mes de mayo han acaparado las redes sociales, obviamente uno más que otro, y me permiten evidenciar el odio «antisandinista» selectivo.

1- Marvin Vargas, conocido como el Cachorro, es de Estelí, hijo de un Guardia de Somoza, a los 16 años decidió ser voluntario en el Servicio Militar Patriótico (SMP), llegó a participar en la operación Danto, una vez retirado, se organizó como desmovilizado del SMP. Se atrevió a encabezar reclamos a Daniel Ortega, de promesas no cumplidas a los veteranos de guerra. Varias patrullas se lo llevaron preso una vez que lo golpearon y le quebraron la nariz un 8 de mayo del 2011. Le han fabricado múltiples juicios que ha ido cumpliendo sin ser liberado. Lleva 15 años en prisión bajo golpizas, aislamiento, calor y condiciones extremadamente torturantes, como la muerte de su madre sin despedirla. En el 2029 cumple su última condena y ojalá la dictadura no exista y el Cachorro esté vivo y libre.

2- Sergio Ramírez es de Masatepe, hijo de una maestra, estudió derecho en León y ahí fue sobreviviente de la masacre estudiantil de la Guardia de Somoza en 1959.

Como escritor estuvo exiliado en Costa Rica durante el somocismo e integrado en el Frente Sandinistas de Liberación Nacional (FSLN) contra la dictadura de Somoza. Fue miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN) después del derrocamiento de Somoza. Fue Vice presidente de Nicaragua 1986-1990. Se retira del FSLN en los 90, funda el Movimiento Renovador Sandinista. Luego decide retirarse de la política y retomar su oficio de escritor.

Ramírez, escribe muchos libros entre ellos «Adiós Muchachos» (2007) donde narra toda la historia de la lucha contra Somoza, diferentes momentos desde su experiencia de gobierno, así como la traición de los ideales, la corrupción, reconociendo una revolución que no pudo ser y la declaró fallida. Llegó el 2018 y siguió abiertamente contra la dictadura Ortega-Murillo. Hasta que lo exilió, lo confiscó y lo desnacionalizó en su vejez. El dolor del exilio lo ha canalizado con más producción literaria, y los premios han sido espacios de tribuna internacional para la denuncia de las atrocidades cometidas por la dictadura. Con bastón en mano, seguramente llegará a la silla que dejó vacía el escritor Mario Vargas Llosa en la Real Academia Española (RAE).

Estas dos historias personales y políticas hacen parte de la historia de Nicaragua, al primero me atrevo a decir que toda la oposición de Nicaragua lo quiere vivo y libre, al segundo, una parte de la oposición llamada «víctimas del sandinismo», convirtieron la silla «L» de la RAE, en la silla eléctrica mediática.

Los dos hombres son anti dictadura Ortega-Murillo, el cachorro no confeso por la cárcel y tortura, Sergio Ramírez si, con todo el peso de su palabra, actuar y represión encima.

Será que no se enteran que no son las únicas víctimas y que odian a los mismos que la dictadura odia?. Así, con «el ojo por ojo» al margen de la Justicia -que nunca ha existido en Nicaragua- no se derrocan las dictaduras, se fortalecen y se repiten.

Aquí una muestra del odio antisandinista selectivo, y no es por casualidad, el ser humano tiene la tendencia en solidarizarse en la tragedia, no así en el éxito.