El confinamiento solitario en Nicaragua es una herramienta sistemática de represión que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha utilizado con las personas disidentes del poder. La exguerrillera y expresa política Dora María Téllez denuncia esta práctica, calificándola como una «práctica absolutamente inhumana, lesiva, que violenta los derechos humanos y que causa graves lesiones en las personas». Para Téllez, este método no solo busca el castigo físico, sino la aniquilación emocional y mental de quienes se oponen al sistema.

Como parte de su labor de visibilización, Téllez produjo un corto documental que recoge el testimonio de Ana Margarita Vijil, quien permaneció más de 600 días en aislamiento total. Esta producción audiovisual sirve como evidencia de las condiciones extremas vividas en la cárcel de El Chipote, donde la privación sensorial y la soledad absoluta son la norma. El video expone cómo el régimen utiliza el encierro para intentar quebrar la voluntad de las personas presas políticas.

La motivación fundamental de Téllez para realizar esta obra radica en la preservación de la memoria y la exigencia de justicia. Según explica, su preocupación se centra en quienes hoy continúan sufriendo el aislamiento en las cárceles nicaragüenses, una práctica que se ha vuelto común para silenciar voces críticas. «La motivación que yo tengo es claramente relativa al confinamiento solitario… por un lado la memoria, por otro lado la demanda de justicia», afirma la líder política al explicar la importancia de documentar estos abusos.

El aislamiento es descrito por Téllez como tortura blanca, un término que alude a la ausencia de marcas físicas visibles, pero con consecuencias devastadoras en el interior del individuo. Dora María señala que «lo físico es lo que menos se ve… todas las cicatrices son cicatrices mentales, cicatrices psicológicas, cicatrices emocionales». Estas heridas invisibles, asegura, perseveran durante largo tiempo en las personas que logran sobrevivir al confinamiento absoluto.

Entre las repercusiones físicas, destacan los efectos de la falta de sol y movilidad en las celdas. Relata que las personas prisioneras sufrieron procesos de despigmentación de la piel, pérdida de piezas dentales y el desarrollo de enfermedades crónicas como hipertensión arterial. «No recibíamos prácticamente sol, no salíamos en absoluto de la celda excepto para interrogatorio», afirma, subrayando que este modelo carcelario es totalmente agresivo y violenta incluso la legislación nacional.

A nivel cognitivo, el aislamiento prolongado provoca lo que Téllez describe como un cansancio crónico. Basándose en su experiencia y en literatura especializada, menciona que las personas sobrevivientes a menudo experimentan lagunas mentales y una sensación de que el cerebro está inflamado, lo que dificulta el aprendizaje y la socialización tras la liberación. Estos efectos demuestran que el daño trasciende lo temporal.

Uno de los aspectos más crueles mencionados es el uso del silencio como arma de control. La exguerrillera define esta situación como un confinamiento doble, donde el aislamiento físico se ve agravado por la prohibición absoluta de comunicación social. Relata que incluso se le prohibieron actividades cotidianas, «te prohíben silbar o te prohíben cualquier tipo de actividad que tenga que ver con tu propia expresión», recuerda, mencionando incluso momentos en los que se le prohibió cantar en su celda.

La excomandante hace hincapié en que, inicialmente, el confinamiento solitario absoluto fue aplicado con un marcado sesgo de género. Durante su tiempo en prisión, las únicas personas sometidas a este régimen de soledad absoluta eran cuatro mujeres: Ana Margarita Vijil, Suyen Barona, Tamara Dávila y ella misma. Mientras tanto, a la mayoría de los hombres se les permitía tener compañía en las celdas, lo que sugiere un ensañamiento particular hacia las lideresas políticas.

Para Téllez, existe un componente de odio político y personal, especialmente por parte de Rosario Murillo, hacia las mujeres que desafiaron el sistema. Sostiene que «Rosario Murillo tiene una animadversión y un odio particular a todo el movimiento de mujeres» debido al respaldo que brindaron a la denuncia de abuso sexual de Zoilamérica Narváez contra Daniel Ortega. Esta motivación personal explicaría la rigurosidad del aislamiento impuesto a las prisioneras.

La líder política también vincula esta práctica con casos emblemáticos de ensañamiento, como el de Monseñor Rolando Álvarez. Califica el trato hacia el obispo como un acto de crueldad impulsado por un odio manifiesto que deberá ser procesado por la justicia en el futuro. Para ella, la imposición de este régimen a figuras de tal relevancia social busca enviar un mensaje de terror a toda la población nicaragüense.

La gravedad del sistema carcelario actual se refleja en casos fatales como el de Brooklyn Rivera. La exministra de salud afirma que la muerte de Brooklyn «es una muerte absolutamente atribuible al sistema carcelario impuesto por los Ortega Murillo». Denuncia que el líder misquito salió de prisión físicamente enfermo, desnutrido y con secuelas graves, falleciendo bajo la custodia del régimen en condiciones que califica de criminales.

Actualmente, la preocupación de Téllez se extiende a las personas presas políticas que permanecen en condición de desaparición forzada, como el caso de Carlos Brenes, un hombre de 75 años con diabetes que requiere insulina diaria. La falta de información sobre su paradero sugiere que se encuentran bajo el mismo régimen de aislamiento severo. «Si nadie los ha visto y la familia no los ha visto, lo primero que yo tengo que asumir es que están en confinamiento en solitario», advierte.

La líder política critica los intentos del régimen por ocultar la realidad mediante videos prefabricados con guiones controlados. Se refiere a estas producciones como una burla sangrienta que intenta simular condiciones humanitarias en cárceles que carecen de lo más básico como ha sido el caso de Angélica Chavarría Altamirano, expareja del fallecido general en retiro Humberto Ortega Saavedra. Para Téllez, la única prueba válida de bienestar sería que los familiares puedan ver y constatar directamente el estado de salud y nutrición de los reos.

El objetivo final de estas condiciones infrahumanas, según la denuncia de Téllez, es la desaparición física de las personas opositoras. El régimen busca crear las condiciones necesarias para llevarles a un deterioro irreversible o a la muerte, convirtiendo la cárcel en un espacio de aniquilación. Por ello, reafirma su compromiso de mantener una campaña constante contra el aislamiento solitario, exigiendo que estas atrocidades no queden en el olvido

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