La nicaragüense Milagros Terán publicó su primer libro, Las luces en la sien, en 1993. Han pasado muchas lunas y poemas desde entonces y Terán ha ido conformando una sólida carrera literaria. Ahora Rafaelli Editores, la prestigiosa Editorial italiana especializada en poesía acaba de publicar una antología de la poeta nicaragüense Milagros Terán, traducida por Emilio Coco. Bajo el título genérico de Antología Personale, se recoge una selección de la obra de esta autora leonesa. Es la segunda autora nicaragüense que se incorpora a esta colección. Antes ya lo hiciera Gioconda Belli con el volumen Gioco, Giocare, Gioconda.

Dicen que la poesía es el terreno de la infancia, el no perder esa mirada. Milagros Terán comenzó a escribir desde muy joven, realmente desde niña en su León natal. Su carrera ya se prolonga por más de cuatro décadas y que se ha convertido en una de las voces significativas de su generación.

En la poeta Milagros Terán también tenemos a una gran lectora, siempre atenta a la gran poesía escrita no solamente en español. Estudiosa de la literatura, su formación continúa de algún modo se ha ido reflejando en sus textos.

De algún modo, Nicaragua está presente en la poesía de Milagros Terán y las circunstancias del país, aunque ella ha vivido en numerosos lugares de todo el mundo, no le han sido ajenas.

La poesía de Milagros Terán sigue abriéndose paso, conquistando nuevos lectores, ahora en italiano, que se suman a los que la pueden leer en otras en idiomas como el inglés, el portugués, el francés o el finlandés. Leer o escuchar un buen poema debe, más que dejarnos al borde del precipicio, empujarnos directamente al vacío. Y eso es lo que hace Milagros Terán con versos como estos:

MONÓLOGO

En esta edad no temo a nada 
el cuerpo no rinde más culto 
a la belleza 
ni el alma busca a tientas su origen.

A mis tres años 
tengo la experiencia de una mujer 
de setenta, 
liberada de selvas y de cazadores 
blancos 
sin miedo a entrar en aguas 
de verdes cocodrilos.

En esta edad 
no temo a sentarme mal, 
tengo las dos piernas abiertas 
donde se divisa un hueco negro marco de tu risa.

Tengo la energía para jugar con leones, 
dar paseos lentos subida a un elefante, 
perezoso y tristón, 
asida a su lomo ceniciento.

Agarro con mis manos las tormentas 
caben en un rincón las nubes 
todo el hemisferio austral 
en la sonrisa.

En un cuento de viejas 
una enérgica niña 
salta de una alta pared al vacío.