El Salvador atraviesa un momento crítico en su historia democrática con la búsqueda de un tercer mandato por parte del presidente Nayib Bukele, un proceso que ha despertado alarmas sobre el estado de derecho. Agenda Propia Nicaragua invitó al abogado y analista Juan Diego Barberena, a analizar la situación.
El analista señala que el fenómeno político no debe entenderse solo por la permanencia cronológica en el cargo, sino por la naturaleza de las acciones gubernamentales.
La deriva autoritaria se manifiesta en la manipulación de las estructuras estatales para garantizar la continuidad del proyecto político actual, lo cual transforma la gestión pública en un ejercicio de voluntad personalista por encima de la institucionalidad.
Para Barberena, la esencia del actual régimen salvadoreño se basa en la arbitrariedad con que se manejan las normas que rigen la convivencia política y social del país. Según el experto, el síntoma más claro es la transgresión de los marcos legales establecidos para favorecer intereses específicos del grupo en el poder.
A su juicio “lo que configura el régimen autoritario es la forma en la que el poder se ejerce arbitrariamente, transgrediendo las reglas institucionales y cambiando las reglas del juego político”.
Uno de los pilares del ascenso de Bukele ha sido su imagen de figura ajena a las élites tradicionales, pese a su pasado en partidos que ahora critica abiertamente. Barberena destaca que esta narrativa de ser un candidato «antiestablishment» es una estrategia de comunicación política que oculta su trayectoria.
El mandatario fue alcalde en dos ocasiones bajo la bandera del FMLN, lo cual desmiente la idea de ser un actor externo surgido espontáneamente para salvar a la nación de la política tradicional. Su popularidad se cimenta en la resolución de problemas históricos que aquejaban a la sociedad salvadoreña, como la inseguridad generada por las pandillas durante décadas.
No obstante, el costo de estos resultados ha sido la erosión de las garantías fundamentales y la implementación de un Estado punitivo que ignora el debido proceso.
El analista enfatiza que “Bukele resolvió punitivamente, por medio de las violaciones de los derechos humanos, el tema de la inseguridad ciudadana; eso está resuelto, pero bajo métodos que anulan las libertades”.
Redes sociales altavoz de su gestión
El uso de las plataformas digitales, específicamente la red social X, ha revolucionado la forma en que el Ejecutivo de El Salvador se comunica con la ciudadanía y toma decisiones de Estado. Este «digitalismo» permite al mandatario enviar mensajes que generan simpatía inmediata, eludiendo canales institucionales y procedimientos formales. Mediante este mecanismo, coloca una agenda que la población aplaude, aunque las decisiones de poder se alejen de los controles democráticos tradicionales.
El desmantelamiento de la independencia judicial ha sido clave para habilitar la reelección presidencial y concentrar el poder en una sola figura sin contrapesos. Barberena menciona la destitución de fiscales y magistrados que no eran adeptos al oficialismo, lo cual ha permitido fallos favorables desde la Sala Constitucional de la Corte Suprema. “Podemos hablar de declaraciones jurisdiccionales de la Corte Suprema para habilitar la reelección presidencial y de la destitución de funcionarios no alineados con el régimen”, señala.
Recientemente, el sistema electoral salvadoreño ha sufrido modificaciones que alteran la división política y administrativa del país, reduciendo la cantidad de municipios y departamentos. Dichas reformas tienen un impacto directo en las circunscripciones electorales y buscan favorecer al partido oficialista al diluir el peso de la oposición en los territorios locales.
Es un rediseño de la ingeniería electoral destinado a consolidar un control total sobre las estructuras de representación popular en el territorio nacionalLa inclusión de la diáspora salvadoreña como una circunscripción electoral externa, es una medida que, según Barberena, no tiene parangón en el derecho electoral comparado de la región.
El objetivo es capitalizar el apoyo de la ciudadanía que vive fuera del país para inclinar la balanza a favor del grupo gobernante. Al cambiar las reglas del juego, el Ejecutivo asegura una base de votos que no experimenta directamente las consecuencias de las políticas internas, pero influye decisivamente en los resultados.
No hay cheque en blanco
La legitimidad que otorgan las encuestas y el apoyo popular no exime a un gobierno de respetar los principios universales que rigen a una sociedad democrática y justa. Barberena es tajante al afirmar que el respaldo de la mayoría no puede ser utilizado como cheque en blanco para atropellar los derechos de las minorías o disidentes.
El abogado subraya que “la democracia no es plebiscitaria, los actos de gobierno no son plebiscitarios y los derechos humanos no son plebiscitarios; la popularidad no habilita los desvíos de poder”.
A la vez, sostiene que el surgimiento de liderazgos mesiánicos en Centroamérica es producto de las deudas pendientes de los acuerdos de paz de los años noventa. Estos tratados lograron detener la guerra civil, pero fallaron en implementar procesos de rendición de cuentas y superar las brechas de pobreza y desigualdad que todavía persisten.
La ausencia de un Estado eficiente creó el escenario perfecto para que figuras políticas prometieran soluciones rápidas y radicales a problemas estructurales complejos de la población.
Pese a los éxitos publicitados en materia de seguridad, el actual gobierno de El Salvador enfrenta retos económicos y ambientales que no han sido abordados con la misma contundencia ni eficacia. El país tiene un alto nivel de endeudamiento y persisten problemáticas críticas relacionadas con el acceso al agua y la protección de los recursos naturales.
Estos temas podrían convertirse en focos de descontento social una vez que la novedad de la seguridad ciudadana deje de ser la prioridad para una ciudadanía que exige mejores condiciones de vida.La libertad de expresión es quizás el ámbito donde el retroceso es más evidente, con periodistas y medios de comunicación sufriendo persecución patrimonial y acoso constante desde el poder.
El exilio de directivos de medios emblemáticos como El Faro es un testimonio del ambiente de hostilidad que impera contra el periodismo independiente. El riesgo inminente es el desmantelamiento total del derecho a informar, lo que obligaría a muchas redacciones a operar desde el extranjero para evitar represalias legales o físicas.
El impacto en los derechos de las mujeres también es motivo de preocupación, muestran una tendencia hacia el conservadurismo militarista pese a que la igualdad de género figura en un lugar prominente entre los principios de derechos humanos y los valores de las Naciones Unidas.
La influencia de sectores castrenses en la educación y la restricción de currículas escolares sugieren una involución en la agenda de derechos sexuales y reproductivos asegura Barberena, y advierte de la alta posibilidad que se criminalice a los movimientos sociales que defienden la igualdad de género y la autonomía de las mujeres en sus decisiones.
Sin embargo, en el mundo millones de mujeres y miembros del colectivo LGBTI siguen padeciendo discriminación en lo referido al disfrute de sus derechos civiles, culturales, económicos, políticos y sociales.
El modelo de gestión de Bukele ha trascendido las fronteras salvadoreñas, inspirando a otros líderes y candidatos en América Latina que buscan replicar sus métodos punitivos. En países como Ecuador, Argentina y Chile, se observan intentos de imitar esta estética de «mano dura», lo cual Barberena define como «buquelización» de la política regional. Este fenómeno responde a una tendencia hacia la radicalización de ciertos sectores que ven en la fuerza la única salida a las crisis institucionales que atraviesan sus propias naciones.
Juan Diego prevé que probablemente Bukele logrará su reelección debido al control que ejerce sobre el sistema, aunque advierte que el caudal electoral real podría verse afectado por altos niveles de abstención.
La consolidación de un régimen de partido hegemónico es una realidad que ha pulverizado a la oposición tradicional, dejándola sin capacidad de reacción ante los cambios legislativos. Pero, la historia política enseña que ningún proceso es estático y que la concentración excesiva de poder suele generar tensiones que eventualmente derivan en nuevas formas de resistencia.
La sociedad civil salvadoreña está hoy en una etapa de resistencia para evitar la instauración de un modelo totalitario que anule cualquier rastro de contrapoder. Señala que es fundamental que los movimientos sociales y los medios mantengan su labor de denuncia y vigilancia, pues son el último muro de defensa frente a la arbitrariedad del Ejecutivo. Explica también que es necesario un esfuerzo regional para comprender que la salud democrática de un país afecta a todos sus vecinos, por ello se demanda solidaridad activa entre las naciones centroamericanas, concluye Barberena.
Foto de portada: El Mundo

