Redacción AP

En muchos barrios del municipio de Estelí se experimenta el racionamiento de agua pero la esperanza de tener el vital líquido se ha diluido entre la gente. Esperan que las autoridades de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillado Sanitario (ENACAL) desarrollen la construcción de un tanque de almacenamiento para la distribución y administración eficiente del agua, pero lo ven lejos de cumplirse.

Entre los barrios que sufren de forma constante por el desabastecimiento de agua potable están: Villa Esperanza, Santo Domingo y Leyra de Compostela, al este de Estelí; según sus habitantes reciben agua potable durante tres horas, cuatro veces a la semana, sobre todo a la media noche.

El problema se agudiza en estos días de verano, para resolverlo tienen que ir a otros barrios. En ocasiones, no pueden ni siquiera hacer el café de la mañana, mucho menos bañarse o lavar la ropa, manifestó Martina Velásquez, habitante del sector número cuatro del barrio Villa Esperanza.

Maryuri Sevilla, labora en una empresa tabacalera, la mañana del 08 de abril, al despertar se enfrentó al caos de siempre: no había agua potable. “No resulta comprar tanques para el almacenamiento cuando hay agua porque no sube el agua, a veces como hoy debo esperar hasta media hora para llenar un balde” se lamenta mientras alista el desayuno para ella y sus dos hijas menores de edad.

En Estelí la falta de agua es un problema que lleva más de 20 años. San Pedro es una de las comunidades rurales del municipio, donde las familias han sufrido en los últimos años los efectos de la variabilidad climática, el agua de los pozos se ha secado y la única quebrada ha disminuido su caudal.


Este año el problema parece agudizarse ya que las fuentes de agua se evaporizan por las altas temperaturas de un verano prolongado. Dada la falta de responsabilidad equitativa de los hombres, las mujeres son quienes más sufren las consecuencias, deben desvelarse y hacer turno para acceder al agua.

Leydi Azucena Sobalvarro Romero cree que el cambio climático es el precio que sufre la humanidad por el despale indiscriminado y la contaminación ambiental, pues aún recuerda cómo hasta hace unos veinte años en su comunidad se observaba el verde de los bosques y correr el agua cristalina de la quebrada.

«Nos ha afectado muchísimo porque no nos llega el agua y esa es la mayor necesidad que nosotros tenemos, a veces nos quedamos sin agua para hacer la comida, lavar la ropa, más por los niños que van a la escuela. El agua llega día de por medio y en altas horas de la noche», comentó Leydi. 

El deterioro ambiental ha provocado escasez y racionamiento del agua para consumo humano, y más en los tiempos de pandemia, sin embargo, nunca es tarde para hacer cambios y una de las mejores maneras es organizándose para el ahorro de agua y la reforestación, agregó.

Byron Morán, de 15 años de edad, es uno de los que no alcanzó bañarse en la quebrada de San Pedro. Ahora integra la Brigada Ecológica. Su deseo es recuperar la cuenca mediante jornadas de reforestación y limpieza, para que las próximas generaciones puedan disfrutar de los recursos que quedan.

Pese a que Byron y otros adolescentes se disponen al cuido del bosque, las autoridades del Instituto Nacional Forestal, el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales y la Unidad Ambiental de la Alcaldía de Estelí, otorgan permisos para que se continúe despalando los bosques que quedan en la zona.


Agenda Propia llamó en cinco ocasiones a la oficina de la Unidad Ambiental de la municipalidad de este municipio para conocer de la denuncia de comunitarios sobre la deforestación del área protegida El Tisey. “Alejandra” quien recibió la llamada pidió un número de teléfono al que llamarían. La llamada nunca llegó.

Pese a que el acceso al agua es un derecho humano y que suele escasearse en esta época del año, la deforestación en los pinares afecta la vida de las personas en Las Segovias.

En la comunidad de Puertas Azules de la subzona de Miraflor, Estelí, la retención de agua que hacen hortaliceros, afecta el abastecimiento al resto de habitantes.

Esta situación ya se ha expuesto, es del conocimiento del líder de la comunidad, pero no hace nada al respecto. Pese a las reuniones e incluso el llamado a los responsables de los riegos, no hay ley ni autoridad que controle el uso del agua.

La misma situación viven las familias de la Estanzuela. Muchas tierras ya fueron rentadas, incluso por líderes de la comunidad a hortaliceros, en su mayoría de La Trinidad, poniendo en riesgo la existencia de la cascada, un lugar turístico y en abandono por las autoridades.