A ocho años de la rebelión cívica de abril de 2018, Nicaragua atraviesa una fase de profunda inestabilidad marcada por la radicalización de una dictadura dinástica totalitaria que intenta formalizar la sucesión del poder de Daniel Ortega hacia Rosario Murillo. Este proceso según el Centro de estudios Transdisciplinarios, CETCAM, ha desencadenado un «boomerang político» de purgas internas que, bajo el pretexto de combatir la corrupción, ha encarcelado a figuras históricas y aliados cercanos para asegurar una lealtad absoluta, provocando un descontento latente dentro de las propias filas gubernamentales.
Mientras el régimen anula la autonomía de los gobiernos locales subordinándolos directamente a la Procuraduría General de Justicia, la oposición nicaragüense visualiza una oportunidad histórica para el cambio, articulando propuestas de transición democrática que coinciden en tres ejes fundamentales: la liberación de presos políticos, el retorno seguro de los exiliados y el restablecimiento pleno de las libertades ciudadanas.
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Foto portada: Confidencial Nicaragua

