El periodismo nicaragüense atraviesa una crisis marcada por el desplazamiento forzado de 309 personas que hacen periodismo y comunicación, y trabajadores de medios. Entre ellos, un grupo de 23 profesionales ha sufrido la pérdida de su nacionalidad y sus bienes personales por decisión del Estado.

En este entorno hostil, un estudio de la plataforma La Sala Mujeres en la Redacción analizó la situación de nueve directoras de medios que operan desde el exterior. Estas periodistas denuncian ser víctimas constantes de campañas de odio y violencia digital orquestadas por sectores afines a la administración pública.

Las agresiones digitales contra estas líderes buscan minar su integridad profesional y personal mediante tácticas de acoso específicas. Abigail Hernández, directora de La Sala, detalla que los ataques incluyen «señalamientos y burlas a su aspecto físico, cuestionamientos a su vida personal con connotaciones de tipo sexual hasta violencia sexual».

La operatividad de estos proyectos informativos se ha visto mermada por la falta de recursos y la persecución política persistente. En un periodo de tres años, el número de plataformas digitales lideradas por mujeres ha descendido de doce a aproximadamente ocho o nueve medios activos.

A pesar de la reducción numérica, existe una apuesta decidida por la innovación en los formatos de entrega de información. Medios como Cultura Libre y Galería News han fusionado el periodismo con el arte, el teatro y la ilustración para conectar con audiencias jóvenes y diásporas.

La directora de La Sala señala que las directoras asumen una carga laboral que se multiplica por las condiciones del desarraigo y la desigualdad de género imperante. Estas profesionales desempeñan una triple jornada que abarca la gestión del medio, la búsqueda de financiamiento y el rol de cuidadoras principales de sus familias.

El compromiso con sus equipos ha llevado a muchas de estas mujeres a realizar sacrificios patrimoniales severos para sostener sus redacciones en el exilio. Existen testimonios de directoras que han vendido sus vehículos y equipos personales para poder pagar los salarios de sus colaboradores.

La profesionalización gerencial ha surgido como una respuesta estratégica para garantizar la supervivencia de los medios en el largo plazo. Actualmente, seis de los nueve medios analizados han implementado protocolos de seguridad, manuales de género y planes estratégicos propios.

Las alianzas estratégicas y el periodismo colaborativo permiten que estos medios optimicen sus limitados recursos económicos y técnicos. Mediante redes de trabajo, las directoras comparten gastos de producción y generan productos innovadores como podcasts y exposiciones visuales.

La agenda de estos espacios informativos se mantiene firme en la defensa de los derechos humanos y las problemáticas de género. Hernández señala que «los medios dirigidos por mujeres son los que están hablando sobre violencia de género sobre situación de niñez y adolescencia situación de derechos sexuales y reproductivos».

El ejercicio periodístico enfrenta la barrera del vidrio de terror, donde las fuentes dentro de Nicaragua guardan silencio por miedo a represalias. Las mujeres evitan brindar declaraciones para proteger a sus hijos y padres de posibles ataques por parte de la maquinaria estatal.

El contexto nacional para la prensa independiente es crítico, con 56 medios cerrados y diversas confiscaciones de propiedades. Nicaragua se ubica actualmente en la posición 168 de 180 países en el ranking mundial de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras.

La labor de estas periodistas se define como un acto de resistencia ciudadana para preservar el pensamiento crítico en la sociedad. La dirección de estos medios asegura que «estamos defendiendo no solo puestos laborales estamos defendiendo un derecho constitucional que es el acceso a la información de la ciudadanía».

La red de mujeres periodistas en el exilio se mantiene firme con el objetivo de evitar que el silencio se imponga de forma definitiva sobre la realidad del país. El compromiso diario de estas profesionales busca garantizar que Nicaragua no pierda voces esenciales para la construcción de una democracia con equidad de género.

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