La madrugada de este sábado ha dejado una huella profunda en los habitantes de la ciudad española de Granada, en la comunidad autónoma de Andalucía, al sur del país. A la 01:04 horas, un fuerte temblor de magnitud 5.0 con epicentro en la localidad cercana a la capital de Alhendín sacudió la provincia, desatando el pánico en medio, además, de una alerta por tormenta eléctrica con posibilidad de lluvias torrenciales y fuertes vientos. Para la comunidad nicaragüense exiliada en Granada, que en los últimos años ha crecido exponencialmente, este suceso geológico ha despertado temores que trascienden el propio movimiento físico de la tierra, activando de inmediato sus redes de solidaridad y autoprotección.

El sismo, calificado por los sismólogos como muy superficial y el más importante sentido en la zona en las últimas décadas, se produjo tras un temblor previo de magnitud 3.7 registrado la tarde del viernes en la localidad de La Zubia. Tras el sismo principal, se han sucedido más de 40 réplicas en localidades como Gójar, Ogíjares, Armilla y Dílar, impidiendo conciliar el sueño a miles de ciudadanos.

El escenario se complicó aún más debido a la fuerte carga eléctrica de la tormenta, que añadió dramatismo a la noche. Ante el temor a nuevos derrumbes y la ansiedad provocada por el violento temblor, miles de granadinos, entre ellos muchos nicaragüenses, se echaron a las plazas, parques y calles desiertas bajo el aguacero. Aunque el Ayuntamiento de Granada y los servicios de emergencia confirmaron que no se han registrado heridos ni daños estructurales graves -más allá de desprendimientos de cornisas en el histórico barrio del Albaicín, fachadas agrietadas y la caída de elementos decorativos en iglesias céntricas como La Magdalena o San Miguel-, la incertidumbre psicológica ha calado hondo en la población.

“Repórtense que estén bien”: la solidaridad en el chat nicaragüense

En este contexto de emergencia, los teléfonos móviles se convirtieron en el principal canal de auxilio y consuelo para los migrantes centroamericanos. A través de aplicaciones de mensajería, la comunidad nicaragüense exiliada en Granada comenzó a movilizarse para verificar el estado de sus compatriotas.

En los chats de la comunidad, se leían constantes llamados a la calma y muestras de afecto: «Está bien ustedes? Espero que estés bien», rezaba uno de los primeros intercambios de la mañana, seguidos de expresiones de fe muy arraigadas en el país centroamericano ante desastres naturales: «El gran poder de Dios».

«Mujeres las que están en Granada repórtense que están bien y cómo van con estos temblores, les mando un enorme abrazo. Abrazos para las granadinas», escribía una de las integrantes de uno de los chats en un emotivo mensaje de acompañamiento para calmar el susto de quienes pasaron la noche en vela.

“Los papeles”, el tesoro más preciado en la mochila de emergencia

Más allá de las muestras de afecto, las recomendaciones prácticas de seguridad circularon rápidamente. Sin embargo, para una persona exiliada, los consejos de autoprotección adquieren un significado completamente distinto y mucho más crítico.

La recomendación clave fue directa: “Tengan los papeles importantes y medicinas en una mochila por cualquier cosa”. Para cualquiera, una mochila de emergencia contiene agua y víveres; para una persona exiliada o refugiada política, “los papeles” (pasaportes, solicitudes de asilo, resoluciones de residencia o documentos de identidad extranjeros) representan su existencia legal, su seguridad jurídica y su derecho a permanecer en el país de acogida. Perder esta documentación bajo los escombros de un edificio vulnerable -muchos de los cuales se concentran en barrios populares de la capital con construcciones con patologías previas- supondría una catástrofe administrativa que agravaría drásticamente su situación de vulnerabilidad.

Qué dicen los expertos

El catedrático de Geodinámica de la Universidad de Granada Jesús Galindo explica que la actual serie sísmica, originada en las fallas de Dílar, es de tamaño moderado, por lo que no cabe esperar temblores de gran magnitud, interpretando esta actividad como un «efecto cremallera» de asentamiento de la tierra tras el enjambre sísmico de 2021. No obstante, el sismólogo José Morales advierte que el reciente temblor de magnitud 5.0 registró aceleraciones muy fuertes que rara vez se habían documentado en la región, equiparables a excepciones históricas como el sismo de Lorca, en la comunidad autónoma de Murcia, que en 2011 provocó 9 muertos, 320 heridos y afectó al 80% de las viviendas. Aquel sismo fue de 5.1.

Desde una perspectiva de la edificación, el ingeniero Ramiro Aurín recalca que el peligro crítico reside en la geología de la Vega de Granada, cuyos materiales extremadamente blandos ralentizan y amplifican la energía sísmica -con un límite de magnitud estimado para la zona de entre 6,5 y 7 grados-, al tiempo que denuncia la vulnerabilidad de las infraestructuras debido a que España es el único país de la Unión Europea que no aplica de forma efectiva el Eurocódigo sismorresistente para asegurar que los edificios resistan el tiempo suficiente para salvar vidas

La provincia de Granada concentra más del 25% de la sismicidad histórica de la península ibérica debido a su compleja geología de cuenca extensional . El primer gran suceso documentado se remonta a 1431, cuando un terremoto de magnitud estimada en 6.7 al sur de Granada causó importantes destrozos en la Alhambra . A lo largo de los siglos siguientes, la región sufrió otros temblores de gran intensidad, como el de 1522 en Ugíjar, el de 1531 en Baza y el de 1806 en Pinos Puente y Santa Fe . Sin embargo, la mayor catástrofe registrada en la región fue el terremoto de Arenas del Rey del 25 de diciembre de 1884 (con una magnitud estimada de entre 6.2 y 6.8 grados) , catalogado como el más destructivo del siglo XIX en España ; esta tragedia dejó entre 1.050 y 1.200 fallecidos , destruyó unas 4.400 viviendas  y asoló poblaciones como Alhama de Granada, donde colapsó el 70% del casco urbano . Ya en el siglo XX, destacan el sismo profundo de Dúrcal en 1954 (de magnitud 7.8) y el de Albolote en 1956 (de magnitud 5.0), el cual provocó 11 muertes y dejó inhabitable más de un tercio de la localidad . Esta constante liberación de energía ha continuado hasta la actualidad, manifestándose en fenómenos de estrés sísmico crónico como el enjambre sísmico de Atarfe y Santa Fe en 2021, período en el que se llegó a superar el millar de temblores en pocos meses.

Resiliencia ante la incertidumbre geológica

La activación del Plan de Emergencia ante el Riesgo Sísmico en situación operativa 1 por parte de la Junta de Andalucía y el despliegue de bomberos, Policía Local y Protección Civil han devuelto paulatinamente cierta sensación de control a la provincia durante el sábado. La propia Alhambra reabrió sus puertas tras una minuciosa inspección técnica que descartó daños en su valioso patrimonio.

No obstante, el estrés sísmico crónico -ese desgaste emocional de vivir con la constante incertidumbre de cuándo volverá a temblar la tierra bajo un suelo blando que amplifica las ondas- se suma ahora a la mochila de experiencias de una comunidad nicaragüense que ya ha tenido que reconstruir su vida lejos de casa.