El libro Testimonios del horror, en su primera entrega, contiene siete testimonios de personas nicaragüenses exiliadas, expresas políticas y parte de sus familias.

En ocasión del octavo aniversario de la rebelión de abril, el Centro de Asistencia Legal Interamericano en Derechos Humanos (CALIDH), quien acompañó la iniciativa, pone a disposición la obra cuyos méritos pertenecen únicamente a los siete testigos del horror.

Los testimonios confiesan la deshumanización al que fueron sometidas centenares de personas presas políticas desde el inicio de la rebelión cívica y popular de abril 2018. Sus relatos reiteran la crueldad, el sufrimiento físico y mental que no terminan con el destierro.

La dictadura Ortega-Murillo ha querido hacer creer que se defiende de un golpe de Estado fallido, pero las personas usan la palabra para retratar lo vivido. CALIDH manifiesta, que se debe continuar hablando de la prisión política para comprender a cabalidad el momento que vive Nicaragua, porque sólo cuando se deja constancia del horror, la sociedad reflexiona en lo que no hay que repetir y lo que se debe juzgar, sanar y reparar.

En el texto, Julio César Dávila, activista LGBTI, narra el secuestro, la violación bajo sedación en un centro clandestino y sus esperanzas en una transición democrática. Por su lado, Max Jerez, líder estudiantil, describe lo destructivo del aislamiento prolongado en El Chipote y cómo el duelo por su madre fue usado en su contra como arma psicológica.

Mildred Rayo, líder estudiantil, cuenta el “modo piloto automático” en el que vivió por años tras el destierro. Vera, pseudónimo usado por temor, relata con dolor la muerte lenta y abandonada de su madre con esquizofrenia, tras su detención y exilio, quien la cuidaba.

El sociólogo Freddy Antonio Quezada, narra cómo resistió la cárcel elaborando imaginariamente un libro mientras soportaba tortura sonora y parálisis por terror ante las cámaras de vigilancia. Su hija Adriana muestra a un padre que regresa cambiado: lento al hablar, ordenar ideas y obligado a pedir permiso incluso para actos cotidianos.

El expolicía Fanor Alejandro Ramos refiere la tortura física y el destrozo de su familia; su preocupación es su hijo Fanor diagnosticado con estrés postraumático.

En Testimonios del horror, coinciden quienes han hablado, que toda la barbarie tiene que difundirse aun cuando son episodios inhumanos.

En Agenda Propia Nicaragua queremos contribuir a la difusión de esta barbarie, por ello les dejamos el libro completo que acompaña a esta nota.